Para pagar con creces
el ardor de tus suspiros
traigo estas piedras brillantes:
amatistas, esmeraldas, diamantes…

De brazaletes, collares y anillos
dejar suelto al cuerpo quiero
para mejor hacer mi oficio.
Más, sí, ¡me gustan los lirios!

Putilla menguada ¡eso eres!
que no te rondan los brillos.
Zorrilla de tres al cuarto
perturbándome el juicio.

Así es, mi buen señor
¡ Pongo a Dios por testigo!
Lo que otrora gané en lustre
ahora lo vendo más fino.

Esclavo de la entrepierna
cambiaré piedras por bulbos.
¡Por Satanás que me puede
el acabar de tus muslos!

Y pues,
que un hombre decente
puesto a tirarse una puta
empeñe su bolsa entera
por retozar entre lirios
no es malo, en principio.